O cómo aprovechar las críticas para enfocarte hacia un nuevo público
Ah, el Mad Cool. Odiado y querido a partes iguales. Bueno, a partes iguales no, porque el odio en redes es muy superior a quien lo quiere, que creo que a estas alturas son solo las personas que van, y poco más. Hago un poco de antecedentes, y luego voy al contenido importante.
Mad Cool nace en 2016 como la alternativa en Madrid a los grandes festivales patrios. The Who, Neil Young, Garbage o The Prodigy eran los cabezas de cartel con poco grupo nacional, lo cual te hacía ver que ellos iban más para arriba. Todos los que asistimos ese año lo recordaremos por ser el año que el primer día no podías pedir en las barras por la caída del sistema de pago. Primera crítica de Mad Cool. La tendrán enmarcada en plan «ay, mira, ojalá todas así».
En 2017 sucede la gran tragedia que perseguirá toda la vida al festival. En un intento por tener de todo y que la gente no se aburra (¡¡Hay que dejar a la gente que se aburra, oiga!!), meten números circenses. Uno de ellos, acrobacias en suspensión desde 30 metros. Pedro Aunión sufre un accidente, cayendo desde esa altura, y fallece. Lo que ocurrió a continuación: the show must go on. A Green Day (que actuaba minutos después justo al lado) no le dicen nada, y dan su actuación con normalidad. Gracias a esto, mucha gente ni se entera en el momento del accidente. Slowdive, ya más tarde, sí que cancela su actuación. Y esta es la gestión que gran parte del público jamás le perdonará al Mad Cool.
Los años 18, 19 y 22, Mad Cool se muda a IFEMA. Personalmente, y pese a que el 18 fue un poco caos, el festival mejora mucho en ese nuevo recinto. De hecho, el festival de 2022 lo considero una de las experiencias más cómodas que he vivido en un evento de estas características. En el 2019 también lo fue, pero porque hubo un batacazo enorme de entradas, y el festival tuvo la mitad de público del esperado.
En 2023 se mudan al Espacio Mad Cool, al sur de Madrid, y no ha sido hasta este 2025 cuando yo no lo he vivido en primera persona. Principalmente porque yo ya renegaba de la gestión y comunicación del festival, no enfocada ya principalmente a los grupos internacionales, sino también al público internacional. Su cuenta en Twitter se comunica únicamente en inglés, toda una declaración de intenciones. ¿Qué me hizo volver? La confirmación de Bloc Party.
Tenía solo una entrada de día para el sábado, pero el jueves se les cae Kings Of Leon y los cambian por Muse. Joder, ese cambio mola. Pues a buscar las triquiñuelas para cambiar la entrada de día por un abono. Y lo conseguí. Y encima el viernes podría ver a Alanis Morissette. Pues nada, a poder vivir, y ahora contar, lo que es el Mad Cool de 3 días.
Como he dicho antes, el Mad Cool ya solo mira a su público extranjero. No hay opción para ir en coche, te dicen que uses el transporte público, pero cuando el festival acaba, la línea especial es para que vayas del sur al centro de Madrid, y poco más. Apáñatelas con los taxis o con los VTC. Y si vienes en coche pues ya si eso aparca en Getafe. La mejor decisión que tomé fue alojarme en los apartamentos que hay a 10 minutos andando del recinto, detrás del hotel. Y eso es lo que ves, turistas, turistas, y más turistas. Si el público de Madrid tiene muchas más opciones de ver los grupos que traen en otras situaciones, ¿para qué vamos a hacer un festival para ellos? Pues eso.
El caso es que mientras que su Twitter está únicamente en inglés, los días previos, y durante el festival, te hartas de ver a influencers patrios contándote cómo divertirte en el recinto. Y de 2 minutos que duren sus vídeos, sólo hay 10-15 segundos en los que se habla de música. Porque sí, Mad Cool es un increible centro comercial al aire libre, no se puede esconder. El influencer cañí te dice que vayas a los stands de las marcas. En ellos pude ver un juego del calamar, DJs pachangueros, un ventilador, un puesto de maquillaje, una silla de playa gigante, una noria un bingo (¡¡¡un bingo!!!)… En todas esas colas es donde ves (y escuchas) al español. ¿Qué pasa cuando superas la zona comercial? Que encuentras una explanada gigantesca llena de extranjeros buscando música. Es como cruzar un túnel del hiperespacio que separa dos mundos completamente diferentes. Y a partir de ahí, disfrutas muchísimo de la música.
Dos escenarios en paralelo, con la zona vip (gigantesca) en medio, hacen que tengas que rodear para moverte de uno a otro entre conciertos. Para eso están esos 5 minutos, porque si quieres moverte bien, tendrás que hacerlo de extremo a extremo y evitar ir pegado a esa zona vip, llena de todo ese público patrio que le interesa su cerveza y sus negocios y charlotear y blanquear fascistas y tal. No, evítalo. Un rodeo más grande hoy, una conciencia más tranquila mañana.
Pero como decimos, a Mad Cool no le interesa esa gente para vender entradas. Todos esos ya van de gañote, o pagando el vip para aparentar relacionarse entre ellos. A Mad Cool le interesa el público británico que ha quedado huérfano del FIB, que es el que le salva la venta de entradas, que dicho sea de paso está lejos de agotarse. Y ese público es la mar de feliz allí, aún siendo achicharado por el sol de la meseta.
El día que el Mad Cool agote todos los abonos no sé cómo será el recinto, pero con el aforo que han vendido este año, aquello es una gozada. Incluso vendiendo algunas miles de entradas más, seguiría estando bastante bien. Pero lo dicho, habrá que ver el límite el año que lo peten de verdad, que ha sido su lastre otros años. Espero que sepan apreciar eso. La cantidad de servicios básicos para el público era perfecta y muy por encima de la media: Barras interminables, con chavales aburridos porque no hay gente para tanto camarero. Diversos puestos de agua por todo el recinto, ¡que está fresquita! Y comida para dar y regalar, pero claro, si vas en hora punta, pues es lo que tiene, que a la gente le gusta cenar.
Para una persona de provincias, como soy yo, por muy viajado que esté, es difícil ver tal cantidad de grupos internacionales. Y por el Mad Cool puedo ver de una tacada a muchos, y por primera vez a varios. Ese es el principal motivo por el que he vuelto varias veces. Entiendo perfectamente a quienes se mantengan firme con no ir, pero algunos casi no tenemos un plan B. El Mad Cool sabe que ese finde el BBK tiene público fiel y que habla bien de su festi. En España todos hablan mal del Mad Cool, así que han desistido de convencerles. Aceptan las críticas nacionales porque ya su mercado es el extranjero. Y creo que han encontrado el equilibrio. Un equilibrio que yo estoy dispuesto a aprovechar.
Hablemos de música, ¿no? Cambiar a Kings Of Leon por Muse, como decía, fue el gran acierto del año. Y parecía peligrar por los problemas de sonido que tenían Gracie Abrams e Iggy Pop. Muse llegó y arroyó. A su manera moderna, desde luego. Ya no son ese grupo guitarrero que te deja callado a base de show, pero siguen funcionando. Para mí, gran error el bajón que sufre el setlist después de Plug In Baby, pero bueno, ellos sabrán. Sin disco nuevo aún, era perfecto para un show bestial, como lo fue el del anterior Mad Cool, pero en este se quedaron a medias.
El viernes fue el día de descubrir. Vi por primera vez a Alanis Morissette, que lo gocé como el niño pequeño que le pidió a su madre que le regalara el disco. Sorprende ver que Jet tiene tirón a las 21:30. Benson Boone saltó y dio sus piruetas.
Y el sábado yo sólo quería que llegara la 1 de la madrugada para ver a Bloc Party. Una cosa que me sorprendió es que por momentos el tercer escenario donde actuaban parecía tener más gente que alguno de los principales. Kaiser Chiefs, Foster The People, Girl In Red… Un cartel muy atractivo que hacía que su espacio se quedara pequeño por momentos. Pero aún así, cómodo para seguir viéndolos. El sábado fue el día perfecto para ver a Arde Bogotá lejos de la burbuja fan que tiene en conciertos propios y festivales nacionales. Y fue, cómo no, el momento con más público nacional en un escenario grande. El escenario izquierdo fue el escenario fan ese día entre Thirty Seconds To Mars y Olivia Rodrigo. Momentos perfecto para cenar o para descansar en mi casa.
Yo solo quería volver a vivir un concierto de Bloc Party casi 20 años después. Un concierto que hace que yo os cuente todo esto. Un concierto por el que un festival sale ganando. Un festival que probablemente representa todo lo que hay que desterrar de la industria musical. Pero es un festival por el que yo salgo a estas alturas a defenderlo, ahora cuando el Mad Cool no le interesa a nadie que sepa mi idioma.
Yo, de momento, ya tengo pillado unos apartamentos en el mismo complejo para el año que viene. Con cancelación gratuita, claro.

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